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TRIUNFAR EN LA MÚSICA

No recuerdo el día exacto en el que me di cuenta de que la música, sería mi acompañante de por vida. A menudo veo entrevistas donde los músicos/compositores/productores/etc… saben perfectamente el día que el dios Apolo (Dios de la música) les iluminó con su gracia divina. Para mi no fue así… O al menos no recuerdo ese momento de iluminación.

A lo mejor es que no era el “elegido” y mi pasión y cabezonería pudo más. Siempre he amado la música. Muchas veces por encima de cualquier cosa/persona.

Recuerdo en los 90 ahorrando para conseguir los discos que iban saliendo en esa época. Me acuerdo mucho de las largas horas esperando en la radio para poder grabar mis canciones favoritas y rezar para que el locutor/a no hablara de más y así poder escuchar bien el tema entero.

Nunca me propuse “triunfar” o “ser alguien” en la música. Yo creo que a los 14 años estaba más interesado en juntarme con colegas y tocar todas las horas del mundo en un local de ensayo. Gastaba también parte de mi paga semanal en poder pagar esos locales de ensayo y tener cuerdas no muy viejas. 

Tocaba en varias bandas a la vez y no era raro verme por mi barrio con una guitarra a un lado y un bajo al otro, mientras cargaba mi ampli. Me pateaba Madrid en autobús y metro casi siempre. 

Recuerdo el no salir de fiesta por prepararme los temas del ensayo, o escribir alguno nuevo. Recuerdo los madrugones para llegar al horario de mañana en los locales por horas de la época. Y también recuerdo la decepción al ver que algunos de mis amigos no llegaban al ensayo, o llegaban tarde porque se habían quedado dormidos…..

Esto para mi era impensable ya que esos ensayos eran SAGRADOS. Era el momento que esperaba durante toda la semana. Y ver el poco compromiso de mis compañeros era horrible.

Nunca fui el mejor estudiante del mundo. En mis cuadernos no había problemas, apuntes o textos de literatura…. Lo que si había eran logos de mis grupos favoritos, de mi grupo, y letras, muchas letras de canciones.

Me encantaba poner las letras, la formación que teníamos en el grupo, el logo un poco a modo de dossier de prensa amateur. 

Tengo cientos de recuerdos de esa época. Y la mayoría son preciosos ya que tuve la suerte de vivir una época en la que no éramos nadie y lo éramos todo. No tenía seguidores, ni miles de amigos, pero llenaba salas de 500 personas con el boca a boca y un teléfono fijo.

Porque no nos importaba estar guapos o feos en las fotos, ser los más famosos de nuestro bloque o tocar en sitios feos y raros… 

Lo único que importaba era cada canción, cada acorde que aprendías, cada concierto que dabas, cada maqueta que regalabas, cada músico con el que coincidías, cada vez que llegabas a casa y no podías dormir porque al día siguiente ibas a TRIUNFAR. Triunfar en el escenario con los tuyos.

Veo esto tan lejano. Veo a músicos sin pasión ni dirección. Las redes sociales nos hacen pensar que hasta el panadero de mi barrio es una CELEBRITY. Y créeme, ni lo es, ni le gustaría serlo. 

Para muchos, las redes sociales se han convertido en los 15 minutos de gloria que se nos asigna como individuo. Nada más. Y nada menos.

Cambiaría toda la fama que tuve con LA QUINTA ESTACIÓN por un rato más con la ilusión de ese chaval de 14 años que iba a AMORÓS, RITMO Y COMPÁS o HANGAR 19 a emular a sus artistas favoritos. Solo por 5 minutos con mis amigos, jugando a TRIUNFAR EN LA MÚSICA.

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